cuento 15 La Niña que Hablaba con las Sombras
En el pueblo de Nocturnia, donde las farolas solo se encendían tres noches al mes, vivía una niña llamada Vesper que tenía un don peculiar: podía conversar con las sombras. Mientras los demás niños jugaban bajo el sol, Vesper prefería la compañía de su sombra personal, Silva, que se movía independientemente y tenía opiniones muy marcadas sobre todo.
"Los humanos desperdician la oscuridad", solía decir Silva mientras se estiraba por las paredes del dormitorio de Vesper. "Creen que solo es ausencia de luz, cuando en realidad está llena de posibilidades".
Todo cambió la noche que las sombras empezaron a desaparecer. Primero fue la del viejo reloj de la plaza, luego las de los gatos callejeros, y finalmente, la del alcalde durante un discurso importante (lo que causó un gran escándalo).
Vesper y Silva investigaron siguiendo un rastro de manchas de luz púrpura que solo eran visibles para ellas. Las llevaron hasta las afueras del pueblo, donde encontraron una máquina traga-sombras operada por el Doctor Fotón, un científico que había jurado "iluminar Nocturnia para siempre".
"¡Las sombras son un desperdicio de espacio!" declaró el Doctor Fotón, mostrando frascos llenos de oscuridad líquida. "Con mi invento, todo el pueblo brillará día y noche".
Vesper intentó razonar con él:
"Sin sombras, ¿cómo sabrán los niños dónde esconderse durante el escondite?"
"¿Quién protegerá a los enamorados que quieren besarse en secreto?"
"¿Dónde dormirán los gatos durante el día?"
Pero el científico solo apretó un botón, y Silva comenzó a desvanecerse. En un acto desesperado, Vesper hizo algo que nadie en Nocturnia había hecho jamás: se tragó un puñado de sombras almacenadas.
El efecto fue inmediato. Su cuerpo se volvió una silueta viviente que podía moverse entre las superficies planas. Dentro de la máquina, encontró a miles de sombras prisioneras, incluyendo a Silva, que se estaba convirtiendo en una simple mancha gris.
Con un movimiento audaz, Vesper rompió el cristal de contención principal. Las sombras liberadas crearon una ola de oscuridad que envolvió al Doctor Fotón, dejándolo temporalmente ciego (aunque solo para las cosas obvias; las importantes las veía perfectamente).
Al amanecer, el pueblo recuperó sus sombras, aunque ahora todas tenían un ligero brillo violeta en los bordes. Vesper y Silva volvieron a su rutina, con una nueva misión: enseñar a los niños de Nocturnia a apreciar la danza entre luz y oscuridad.
Y si alguna vez visitas este pueblo en luna nueva, podrás ver el espectáculo más mágico: las sombras de los habitantes bailando solas en la plaza, contando historias que solo los valientes entienden.
Fin.
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