cuento 2 El Misterio del Bosque de Cristal

 En un reino lejano, donde las montañas brillaban bajo la luz de la luna, existía un bosque encantado cuyos árboles no eran de madera, sino de cristal puro. Las leyendas decían que quien lograra llegar al corazón del bosque encontraría el Péndulo de los Deseos, un artefacto mágico capaz de conceder cualquier anhelo. Sin embargo, nadie había regresado jamás para contarlo.


Liora, una joven valiente de cabellos dorados como el trigo, creció escuchando esas historias. Su abuelo, un viejo explorador, le había enseñado que "la verdadera magia no está en los objetos, sino en el coraje del corazón". Pero cuando una extraña enfermedad comenzó a marchitar los cultivos de su aldea, Liora decidió arriesgarlo todo.


—Iré al Bosque de Cristal —anunció al consejo del pueblo, ajustándose su capa verde—. Traeré el péndulo para salvarnos.


Los aldeanos cuchichearon. El anciano Orin, guardián de los relatos, le advirtió:

—El bosque no perdona a los imprudentes. Sus senderos cambian, y sus espejos muestran mentiras. Si vas, no toques ningún cristal y sigue siempre la brújula de plata que te doy.


Al amanecer, Liora partió. La brújula giraba sin cesar al cruzar el límite del bosque, donde los árboles reflejaban mil versiones de ella misma. De pronto, escuchó un gemido: un zorro de cristal cojeaba entre los arbustos, con una pata fracturada.


—¡Ayúdame! —suplicó el animal, sus ojos brillando como diamantes—. Si me llevas contigo, te guiaré al péndulo.


Liora recordó la advertencia de Orin, pero el dolor del zorro le partió el alma. Rompiendo las reglas, lo cargó en sus brazos. En ese instante, el suelo tembló: los árboles se reordenaron, borrando el camino.


—¡Me mentiste! —gritó Liora al zorro, que ahora reía con voz múltiple.


—¡Nadie resiste la tentación de ser bondadoso! —respondió la criatura, transformándose en una nube de esquirlas afiladas que la rodeaban.


Atrapada, Liora miró su brújula: la aguja se había detenido, señalando su propio reflejo en un árbol. Entendió entonces la prueba. Cerró los ojos y corrió hacia el cristal, atravesándolo como si fuera agua.


Cuando los abrió, estaba en una caverna iluminada por luces azules. Frente a ella, el Péndulo de los Deseos colgaba sobre un estanque quieto. Una voz susurró:


—Pide lo que quieras, pero recuerda: cada milagro tiene su precio.


Liora pensó en su pueblo hambriento, en los niños enfermos... y en las palabras de su abuelo.


—No deseo el poder —declaró—. Solo la sabiduría para encontrar la cura con mis propias manos.


El péndulo se balanceó tres veces. Al tercer movimiento, un libro apareció a sus pies: "Los Secretos de las Hierbas Eternas".


Al regresar, Liora usó el conocimiento del libro para sanar a su gente. El bosque de cristal desapareció esa misma noche, como si nunca hubiera existido. Pero en el límite del pueblo, donde antes solo crecían cardos, ahora florecían plantas plateadas que curaban cualquier mal.


Moraleja: A veces, la solución no está en tomar lo que deseas, sino en aprender a crearlo.

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